Callar durante demasiado tiempo puede abocar a un sentimiento de agresividad imposible de manejar. Por eso, decidí no hacerlo y hablar. Por mí y, quizás, por otros más tímidos.
miércoles, 5 de junio de 2013
Y ahora ¿qué leo?
Todos nos hemos encontrado que ya hemos acabado la última novela que teníamos entre manos y no sabemos qué empezar. (Claro está, todos los que leemos...)
¿Qué hacer? ¿Hacemos caso a el gran escaparate que le han dedicado en la librería al último best-seller? ¿Le hacemos caso al crítico de la revista o periódico? ¿Nos fiamos de las listas de "Más vendidos"? ¿O de la recomendación del vecino tan simpático?
Si hacemos lo primero, puede que nos encontremos con un GRAN fiasco. El escaparate solo nos indica una gran campaña de marketing y mucho dinero puesto de parte de la editorial. También está el hecho que se suele apostar por los autores ya harto conocidos para llamar a clientela (sobre todo, si es nueva la tienda).
Entonces, ¿el crítico? Es una opción, pero implica riesgo. Uno, es un trabajo, eso incluye que puede que no esté valorando lo que piensa realmente, sino lo que le dictan desde dirección. O lo que más valora el público y vender más ejemplares. Por otra parte, hay mucha divergencia de opinión. Un mismo libro puede ofrecerse como "lo más novedoso del año" y, al mismo tiempo, "el gran error de tu bolsillo". Comprobadlo, cotejad varias críticas de algún libro de hace un par de meses.
¿Y ahora, qué? ¿Las listas? Eso podemos calificarlo como "precipitado". Piensa que las listas solo indican qué libros han sido más adquiridos. Hay que leer la letra pequeña. ¿Se lo habrán acabado? ¿Yacerá en la mesa de noche esperando eternamente, o habrá conseguido su sitio especial en la estantería? No tenemos ninguna garantia.
¿La recomendación? Quizás es bastante recomendable. Lo más probable es que nos haya dado detalles de por qué le ha gustado tanto y podemos cotejar con nuestras propias experiencias.
Y si todavía no estamos satisfechos, siempre nos quedará el recurso de siempre: Los clásicos. ¿Razones? La primera, que si ha durado al poder del olvido, será por algo. Y el resto, os dejo para que las descubráis vosotros.
viernes, 17 de mayo de 2013
(Sobre)vivir como diamantes.
Hace unos días, discutía cuál podía ser el efecto del ambiente (especialmente, el hostil) sobre los individuos.
Descubrí que hay una serie de metáforas que nos pueden servir de base: la tierra, concretamente, la geología.
Las personas con menos aguante son dunas. La brisa (para nosotros, no es más que una caricia) es lo único que necesita para cambiar e, incluso, desaparecer. La opinión pública es lo único que necesita para cambiar e, incluso, dejarse vender.
Las personas con más aguante son montañas. La brisa no es capaz de modificar nada. Sin embargo, la lluvia ácida, el viento huracanado, la desecación y las sequías consiguen erosionarla poco a poco.
Así, puede que un días no afecte, pero si se convierte en rutina, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, cala.
¿Cuál es la solución, pues?
Ser diamante.
Renacer del negruzco, sucio carbón, gracias al efecto de altas temperaturas y presiones. Y cuando ya lo eres, las adversidades -como los cortes, las limaduras, etc...- solo sirven para pulir y convertirse en más brillante, bonito y valioso.
Sé diamante. Seamos diamantes y vivamos con la cabeza en alto.
Otro ejemplo que podemos usar, pero que proviene del campo biológico son las perlas.
¿Cuál es el origen de estas esferas?
Un grano de arena -una molestia, para la ostra-, en vez de ser expulsado, empieza a recubrirse por capas y capas de un material que produce el bivalvo asta que consigue una pequeña pelota de brillantez y pulidez excepcionales.
La ostra usa un problema, un obstáculo, para producir un de los materiales más apreciadas en el mundo de la joyería.
Aprendamos de la naturaleza, hay miles de ejemplos más.
Descubrí que hay una serie de metáforas que nos pueden servir de base: la tierra, concretamente, la geología.
Las personas con menos aguante son dunas. La brisa (para nosotros, no es más que una caricia) es lo único que necesita para cambiar e, incluso, desaparecer. La opinión pública es lo único que necesita para cambiar e, incluso, dejarse vender.
Las personas con más aguante son montañas. La brisa no es capaz de modificar nada. Sin embargo, la lluvia ácida, el viento huracanado, la desecación y las sequías consiguen erosionarla poco a poco.
Así, puede que un días no afecte, pero si se convierte en rutina, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, cala.
¿Cuál es la solución, pues?
Ser diamante.
Renacer del negruzco, sucio carbón, gracias al efecto de altas temperaturas y presiones. Y cuando ya lo eres, las adversidades -como los cortes, las limaduras, etc...- solo sirven para pulir y convertirse en más brillante, bonito y valioso.
Sé diamante. Seamos diamantes y vivamos con la cabeza en alto.
Otro ejemplo que podemos usar, pero que proviene del campo biológico son las perlas.
¿Cuál es el origen de estas esferas?
Un grano de arena -una molestia, para la ostra-, en vez de ser expulsado, empieza a recubrirse por capas y capas de un material que produce el bivalvo asta que consigue una pequeña pelota de brillantez y pulidez excepcionales.
La ostra usa un problema, un obstáculo, para producir un de los materiales más apreciadas en el mundo de la joyería.
Aprendamos de la naturaleza, hay miles de ejemplos más.
jueves, 9 de mayo de 2013
Medias palabras.
Empieza a examinar lo que oís durante un día. No hace falta tanto, con una hora es suficiente.
¿Te has dado cuenta de la cantidad de eufemismos que se usan a diario? ¿Te has planteado si no se abusa de ello?
¿Por qué nos encabezamos en dulcificar la realidad? ¿Por qué nos negamos a aceptar la crudeza de la vida? ¿Por qué existen tantas maneras de decir "Muerte", si ya tenemos al propio término? ¿O para decir "Enfermedad"? ¿O...? Tantos ejemplos podríamos encontrar.
Llega un momento que usamos unos vocablos tan sotisficados y carentes de significado que acabámos dudando de lo que nos han dicho realmente. "Se ha ido". ¿De viaje? ¿Se ha muerto? Tampoco vas a preguntar directamente, es muy inoportuno, ¿no?
Y solo a nivel interpersonal, pero ¿y en economía? ¿O política? Las cosas se complican un poco más, si cabe la posibilidad.
"Crecimiento negativo". Per ¿crecer no es siempre hacia arriba? ¿Negativo? ¿Desde cuándo existe eso? Hablemos con propiedad. Es decrecer, es una bajada, si no aceptamos lo que pasa, no podremos resolver nada.
"Un desliz de contabilida". Ya, ¿no será por algún casual intencionado? ¿Seguro que es un error?
Ha llegado el momento de abandonar tanta "educación" que no lo es y nombrar las cosas por su nombre. La connotación no la tiene la palabra. Ella solo describe un hecho. Las connotaciones las damos en sociedad, todos en conjunto, y podrías dejar de hacerlo.
¿Te has dado cuenta de la cantidad de eufemismos que se usan a diario? ¿Te has planteado si no se abusa de ello?
¿Por qué nos encabezamos en dulcificar la realidad? ¿Por qué nos negamos a aceptar la crudeza de la vida? ¿Por qué existen tantas maneras de decir "Muerte", si ya tenemos al propio término? ¿O para decir "Enfermedad"? ¿O...? Tantos ejemplos podríamos encontrar.
Llega un momento que usamos unos vocablos tan sotisficados y carentes de significado que acabámos dudando de lo que nos han dicho realmente. "Se ha ido". ¿De viaje? ¿Se ha muerto? Tampoco vas a preguntar directamente, es muy inoportuno, ¿no?
Y solo a nivel interpersonal, pero ¿y en economía? ¿O política? Las cosas se complican un poco más, si cabe la posibilidad.
"Crecimiento negativo". Per ¿crecer no es siempre hacia arriba? ¿Negativo? ¿Desde cuándo existe eso? Hablemos con propiedad. Es decrecer, es una bajada, si no aceptamos lo que pasa, no podremos resolver nada.
"Un desliz de contabilida". Ya, ¿no será por algún casual intencionado? ¿Seguro que es un error?
Ha llegado el momento de abandonar tanta "educación" que no lo es y nombrar las cosas por su nombre. La connotación no la tiene la palabra. Ella solo describe un hecho. Las connotaciones las damos en sociedad, todos en conjunto, y podrías dejar de hacerlo.
jueves, 4 de abril de 2013
“¿Carpe Diem? Et Tempus Fugit”.
Párate a pensar
en este mismo momento conmigo.
¿Cuántas veces
has leído obras que defendían el Carpe Diem? ¿Cuántas películas?
Típicas frases
como “Aprovecha la vida”, o “Cuando te des cuenta, ya no serás joven” y demás.
Miles. Las hay a
miles.
Desde el
humanismo, se lleva defendiendo esta idea, con el paso al antropocentrismo.
Otro detalle. El “novedoso”,
“moderno” YOLO (You Only Live Once) que tanto se ha propagado por las redes
sociales. ¿No es la expresión de la misma idea?
U otra versión más
infantil. Hakuna Matata, sentencia fácil de identificar como perteneciente de la
película de animación El Rey León. ¿No sigue siendo la misma idea? ¿Una y otra
vez?
Y sí, hay que
aprender a disfrutar la vida. Nadie obliga a sufrirla. Es más, evita sufrir en
la medida de lo posible, pero...
No te dejes
llevar. Controla, en serio. Creo que, en el actual momento, se confunde este
concepto con echar a perder todo lo valioso sin pensar en el futuro.
Una cosa es
disfrutar una noche con los amigos. Otra, acabar con un coma etílico, o una
muerte por sobre dosis. O un accidente por no estar pendiente y dejarse llevar
por la velocidad.
Una cosa es
valorar la juventud, preciado tesoro; y otra, no acordarse de que, dentro de
poco, ya no podrás hacer lo que ahora y habrás de vivir con las sobras de lo
que hiciste.
Y eso implica que
hemos de valorar el tiempo, que no tenemos todos los años del mundo para hacer
algo de provecho para empezar el proyecto de la vida, que no siempre tendremos
a padres, familiares, ... para que nos recojan, nos paguen los gastos, nos
traten como príncipes.
Y antes de que
seas consciente, estarás en la calle sin un medio de subsistencia (“Estudiar es
para aburridos, yo quiero disfrutar”.), sin una salud que resista los achaques
que van aumentando con la edad (“No me va a pasar nada, controlaré”) y sin tu
Juventud, Divino Tesoro.
viernes, 29 de marzo de 2013
Amigos.
Muchas veces,
hemos leído críticas con fundamento o sin mucha base argumental a la visión de
“amor” que nos ofrecen las películas típicas de taquilla con la ayuda de las
novelas folletinescas que, de cada dos párrafos, uno es pura cursilería.
En estas
opiniones, se suele decir que nos ofrecen una versión irreal de dicho
sentimiento o de las relaciones basadas en él.
No tengo nada que
objetar a esto a nivel general, pero me gustaría plantear otro punto.
¿Y la amistad?
¿Los “amigos para siempre”? ¿Las promesas de “siempre estaré allí” que,
maravillosamente, se cumplen?
¿No son también
irreales? ¿Demasiado bonitas? ¿Conocéis alguien que realmente haya
estado SIEMPRE allí?
Estas tramas nos
hacen creer desde pequeños (empezando por las películas infantiles de Disney,
por ejemplo) en un concepto de “amigo” que luego nos pasamos toda la vida
buscando. Pero, ¿existe? ¿No esperamos demasiado de, al fin y al cabo, humanos?
Humanos que
cometen errores, prometen sin prever las circunstancias del futuro, enferman,
imperfectos, en resumen.
Quizás, esta búsqueda
conlleve más fracasos de los que uno es capaz de sobrellevar correctamente o de
manera natural, convirtiéndose así en un desconfiado que podría ser distinto si
no hubiese sido absorbido por esta utopía.
De todos modos,
sinceramente, incluso esas amistades tan “perfectas” tienen un fallo. Que no
nos muestran el final, solo un trozo, un pedacito de toda la historia.
Cabría
preguntarse si los desenlaces son tan felices como el cachito que conocemos.
miércoles, 27 de marzo de 2013
¡Filología (y matemáticas) al poder!
El otro día, con
el clima de recién acabado el trimestre, la entrega de notas y el resto del
asunto, me fijé en las reacciones más comunes entre el alumnado. Frases que os
sonarán muchísimo, demasiado quizás, tales como “¡Ya me han vuelto a catear
mates!”, “Malditas mates, nunca las entenderé, ¿para qué sirven?”, o “¿Lengua? ¡Es
que el analísis sintáctico es para carrera, no secundaria!” y demás.
Pues bien,
pretendo demostraros que sí tienen interés y utilidad.
Empecemos por las
matemáticas.
Podemos admitir que, en nuestro día a día, no vamos a usar (específicamente)
x2 + 5x + 4 = 0 (cuya solución sería -4, y -1). Cierto es. Pero esa es la base de absolutamente todo.
Podemos admitir que, en nuestro día a día, no vamos a usar (específicamente)
x2 + 5x + 4 = 0 (cuya solución sería -4, y -1). Cierto es. Pero esa es la base de absolutamente todo.
Por ejemplo,
vectores en física. Todos los problemas se resuelven planteando ecuaciones; si
no sabemos resolver dichas ecuaciones con sus diversos grados de dificultad, no
podemos llegar a la solución de una cuestión de movimientos, fuerzas, ...
Otro ejemplo,
química. En estequiometría, la rama que se dedica a las proporciones de
reacciones químicas, se basan en sistemas de ecuaciones. Sin ellas, podríamos
acabar con una explosión; una quemadura; o, como la farmacia es una de las múltiples
ciencias que usan la química, creando un antibiótico que no es, provocando una
posible muerte o empeorar el estado del enfermo.
¿Más? Geología.
¿Cómo se predicen los terremotos, tsunamis y varios desastres naturales?
Mediante sismógrafos, instrumentos que se basan en funciones (FUNCIONES, aquí
aparecen las benditas mates). Si no se apriendese a entenderlos,
interpretarlos, ... ¿cuántas posibles muertes (que podríamos haber evitado)
sucederán?
Dirás “¡Pero eso
son asignaturas de ciencias, vas a necesitar las matemáticas!”. ¿No podríamos
encontrar ramas más humanísticas en las que también se necesitan? Claro
que sí.
Primero, economía.
Derivadas. ¿O te atreves a negarlo?
Geografía. Cálculo
de poblaciones, sus tasas de natalidad, mortalidad, alafabetización, ... ¿no
son procesos matemáticos?
O incluso en
lenguas. ¿Habéis oído hablar de la descriptación? ¿Películas de la Segunda
Gerra Mundial? Se basa en un sistema matemático para descifrar códigos, lenguas
muertas o criptaciones.
Sirve, en definitiva, para evitar errores gramaticales”. Esto contesté yo cuando me preguntó un amigo sobre la utilidad de la sintaxis en la vida real. Dejad de quejaros y cuando escribáis sin ninguna falta, os quejáis.
Por otra parte, literatura. ¿Qué os pasa? ¿También vais sobrados sobre retórica? ¿Preferís que os vendan en las librerías por precios exorbitantes tramas más que plagiadas? ¿Más que manoseadas? ¿Con una redacción, adjetivización, gramática más propia de un niño de primaria que de supuestos escritores de best-sellers?
Como conclusión, ¿cómo se puede despreciar al mismo tiempo las dos ramas? ¿Qué nos quedaría, entonces? ¿”Lo del medio”? ¿Las ciencias que se sostentan en las dos? Creo que queda un poco claro que no tiene ninguna base lógica o racional en este “planteamiento”.
lunes, 4 de marzo de 2013
¿Dónde está el fallo?
¿Cuántas veces hemos oído a alguien decir "Nadie se lo merece pasar mal"?
¿Cuántas veces hemos visto que salía en las noticias el caso de algún adolescente que se suicidaba por bullying y todos se movilizaban para quejarse?
¿Cuántas veces hemos...? ¿Sigo?
Ahora quiero que reflexionemos. Si a nadie le gusta lo que pasa, ¿por qué no cambia?
¿Por qué siguen existiendo gente que lo pasa mal? ¿Gente que insulta sin saber? ¿Que juzga sin conocer?
Que alguien me lo explique, porque yo me he perdido.
Que alguien me haga entender qué falla, cuál es el engranaje del mecanismo que se ha oxidado y así le pongo aceite.
Que alguien me grite, si es necesario, dónde deja de tener sentido la ecuación.
Pero... ¿Sabéis qué? Creo que ya lo sé.
No falla nada en el planteamiento. Si algo es realmente odiado, desaparece.
Y no lo es.
Pura hipocresía. Ese es el problema.
Lo decimos pero solo los que lo han pasado, lo sienten.
Lo llevamos cual insignia de buenos ciudadanos, de personas perfectas, pero a la mínima, los insultos y la intolerancia afloran en nuestro comportamiento.
¿Hasta cuándo?
Ponedme fecha, estoy dispuesta a esperar. A esperar si es que existe siquiera, porque mis esperanzas son vanas, jamás avanzaremos.
¿Cuántas veces hemos visto que salía en las noticias el caso de algún adolescente que se suicidaba por bullying y todos se movilizaban para quejarse?
¿Cuántas veces hemos...? ¿Sigo?
Ahora quiero que reflexionemos. Si a nadie le gusta lo que pasa, ¿por qué no cambia?
¿Por qué siguen existiendo gente que lo pasa mal? ¿Gente que insulta sin saber? ¿Que juzga sin conocer?
Que alguien me lo explique, porque yo me he perdido.
Que alguien me haga entender qué falla, cuál es el engranaje del mecanismo que se ha oxidado y así le pongo aceite.
Que alguien me grite, si es necesario, dónde deja de tener sentido la ecuación.
Pero... ¿Sabéis qué? Creo que ya lo sé.
No falla nada en el planteamiento. Si algo es realmente odiado, desaparece.
Y no lo es.
Pura hipocresía. Ese es el problema.
Lo decimos pero solo los que lo han pasado, lo sienten.
Lo llevamos cual insignia de buenos ciudadanos, de personas perfectas, pero a la mínima, los insultos y la intolerancia afloran en nuestro comportamiento.
¿Hasta cuándo?
Ponedme fecha, estoy dispuesta a esperar. A esperar si es que existe siquiera, porque mis esperanzas son vanas, jamás avanzaremos.
viernes, 22 de febrero de 2013
¡Guapa!
A diario, usamos expresiones tipo "Es muy guapa", "¡Qué cuqui!", "Es una belleza muy clásica" sin saber realmente si nuestro interlocutor sabe a qué nos referimos exactamente con estos términos. Son conceptos muy subjetivos, que difícilmente encontraremos a alguien que los vaya a definir exactamente como nosotros por su ambigüedad, connotaciones, evolución histórica, ...
Pues bien, aquí no pretendo definirlos de la manera más aceptada, pues para eso cualquiera puede comprarse o acceder desde Internet completamente gratis a una revista de moda y fijarse. Lo que pretendo es expresar lo que yo creo que es, pues no estoy de acuerdo con la concepción más popular y me gustaría cambiarla poniendo mi granito de arena.
Para empezar, podemos distinguir tres diferentes palabras para referirse a algo bello.
Primero, una persona guapa. Es decir, belleza. Esta puede diferir en una doble bifurcación.
Por una parte, belleza clásica, frente belleza salvaje. Creo que la belleza clásica es aquella que se basa en las proporciones entre las distancias. Este tipo de belleza es heredada del mundo grecolatino, cuando establecieron el número áureo (φ) o también conocido como el número de oro.
(Aclaración:
Pues bien, aquí no pretendo definirlos de la manera más aceptada, pues para eso cualquiera puede comprarse o acceder desde Internet completamente gratis a una revista de moda y fijarse. Lo que pretendo es expresar lo que yo creo que es, pues no estoy de acuerdo con la concepción más popular y me gustaría cambiarla poniendo mi granito de arena.
Para empezar, podemos distinguir tres diferentes palabras para referirse a algo bello.
Primero, una persona guapa. Es decir, belleza. Esta puede diferir en una doble bifurcación.
Por una parte, belleza clásica, frente belleza salvaje. Creo que la belleza clásica es aquella que se basa en las proporciones entre las distancias. Este tipo de belleza es heredada del mundo grecolatino, cuando establecieron el número áureo (φ) o también conocido como el número de oro.
(Aclaración:
Es decir, haciendo una relación entre la altura completa y la altura desde el ombligo hasta el suelo; el tamaño de la cara completa y desde la nariz hasta el mentón, debe tener por resultado este valor.
La belleza salvaje, por otra parte, se basa en el contraste de colores y formas. Las curvas, ojos de color llamativo, color vivo de pelo o piel, ...
Segundo, una persona mona o "cuqui". Creo que esta está más relacionada con que, al contemplar esa persona, produce ternura, deseo de protegerlo frente a todo, un instinto "maternal". Por ello, es algo menos tangible y más subjetivo que el anterior vocablo. Lo que a alguien le puede producir este efecto, a otro le puede producir asco.
Finalmente, ¿qué pasa con esas personas que vemos, pensamos que son guapas, pero somos incapaces de expresarlo con palabras? Para mí, que este tipo de fenómenos está directamente relacionado con la belleza del interior. Es como si cuando una persona es buena persona, pura, por llamarlo de alguna manera, esto emerge a su aspecto de alguna manera. De igual manera, cuando notas repulsión, puede ser producido por una personalidad más horrenda.
Creo que así, he definido de una manera más o menos sencilla lo que entiendo yo.
PD: Estas definiciones son perfectamente extrapolables a objetos, arquitectura, pintura, etc... y no limitarse a personas.
miércoles, 20 de febrero de 2013
Malditas paradojas.
Hace dos años, más o menos, me creé una cuenta en una red social bastante conocida en la actualidad, pero que entonces no lo era tanto, llamada Twitter.
He visto el auge de algunas personas y su posterior declive, creando así un vacío que era rápidamente ocupado por otros, aprovechando la oportunidad.
He visto como algunos al presenciar su propia bajada, preferían cerrar y desaparecer, no sé si por no poder soportarlo, o porque sencillamente se cansaron.
He visto qué perfil de cuentas subían o bajaban, creando una especie de continuidad, de temporadas de moda, en que, si llegabas en el momento oportuno, podías alcanzar la cima en cuestión de días, semanas a lo sumo; o, por otra parte, ese mismo perfil, en otro momento, no creaba ningún tipo de repercusión.
He visto cómo he pasado de ser de las generaciones más jóvenes, con una edad que ahora se considera normal para tener participación.
Pero no es sobre esto de lo que quería hablar. Venía a plantear una paradoja que se crea y que me gustaría compartir, porque quizás alguien ajeno a mí también coincide o quizás solo soy una paranoica y debería callarme.
A menudo, todos vemos tweets tipo "Maldita sociedad que no nos permite ser como queremos" o "En esta so(u)ciedad, si no eres como dictan las modas, nadie te acepta". Acepto y admito que se trata de una realidad imposible de negar. Bueno, realmente, podemos, pero es una estupidez ya que eso no nos conduce a ningún lugar. Por no mirar, no va a dejar de existir.
Lo que quería yo plantear es, vale, concedamos el derecho a quejarse, a la libertad de expresión a todos,no lo vamos a prohibir, pero, entonces, yo también alzaré mi grito.
Personitas que tanto os quejáis de esto, ¿y vosotros? ¿Y en vuestra querida red social que utilizáis de refugio, desahogo, supuestamente?
¿Acaso no se produce el mismo fenómeno? ¿No habéis notado que siempre son los mismos lo que más seguidores tienen y, por lo tanto, más aceptación acaparan?
¿No es verdad que en eso consiste el concepto de sociedad dominante? Es verdad que es una micro-sociedad, que no engloba todos los sectores de la población de a pie, pero ¿no es eso?
¿Cuántos taurinos con muchos seguidores habéis visto? ¿Monárquicos? ¿Personas conservadoras, de derechas o, sencillamente, de centro-izquierda? ¿Gente sin Tumblr? ¿Personas que no les guste leer? ¿Que no se hayan leído Los juegos del hambre, y todas estas típicas sagas adolescentes? ¿Que no suban miles de fotos incluyendo citas de libros anónimos o no tanto?
Creo que cabe plantearse si es cierto aquello de que existe la aceptación de todo tipo de personas, tal y como afirman los que llevan la voz cantante. Si hay que algo que se pueda hacer para potenciarla, en caso de que exista, o crearla, en caso contrario.
Ah, por si a alguien le interesa, soy @LlamameFriki.
He visto el auge de algunas personas y su posterior declive, creando así un vacío que era rápidamente ocupado por otros, aprovechando la oportunidad.
He visto como algunos al presenciar su propia bajada, preferían cerrar y desaparecer, no sé si por no poder soportarlo, o porque sencillamente se cansaron.
He visto qué perfil de cuentas subían o bajaban, creando una especie de continuidad, de temporadas de moda, en que, si llegabas en el momento oportuno, podías alcanzar la cima en cuestión de días, semanas a lo sumo; o, por otra parte, ese mismo perfil, en otro momento, no creaba ningún tipo de repercusión.
He visto cómo he pasado de ser de las generaciones más jóvenes, con una edad que ahora se considera normal para tener participación.
Pero no es sobre esto de lo que quería hablar. Venía a plantear una paradoja que se crea y que me gustaría compartir, porque quizás alguien ajeno a mí también coincide o quizás solo soy una paranoica y debería callarme.
A menudo, todos vemos tweets tipo "Maldita sociedad que no nos permite ser como queremos" o "En esta so(u)ciedad, si no eres como dictan las modas, nadie te acepta". Acepto y admito que se trata de una realidad imposible de negar. Bueno, realmente, podemos, pero es una estupidez ya que eso no nos conduce a ningún lugar. Por no mirar, no va a dejar de existir.
Lo que quería yo plantear es, vale, concedamos el derecho a quejarse, a la libertad de expresión a todos,no lo vamos a prohibir, pero, entonces, yo también alzaré mi grito.
Personitas que tanto os quejáis de esto, ¿y vosotros? ¿Y en vuestra querida red social que utilizáis de refugio, desahogo, supuestamente?
¿Acaso no se produce el mismo fenómeno? ¿No habéis notado que siempre son los mismos lo que más seguidores tienen y, por lo tanto, más aceptación acaparan?
¿No es verdad que en eso consiste el concepto de sociedad dominante? Es verdad que es una micro-sociedad, que no engloba todos los sectores de la población de a pie, pero ¿no es eso?
¿Cuántos taurinos con muchos seguidores habéis visto? ¿Monárquicos? ¿Personas conservadoras, de derechas o, sencillamente, de centro-izquierda? ¿Gente sin Tumblr? ¿Personas que no les guste leer? ¿Que no se hayan leído Los juegos del hambre, y todas estas típicas sagas adolescentes? ¿Que no suban miles de fotos incluyendo citas de libros anónimos o no tanto?
Creo que cabe plantearse si es cierto aquello de que existe la aceptación de todo tipo de personas, tal y como afirman los que llevan la voz cantante. Si hay que algo que se pueda hacer para potenciarla, en caso de que exista, o crearla, en caso contrario.
Ah, por si a alguien le interesa, soy @LlamameFriki.
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