jueves, 4 de abril de 2013

“¿Carpe Diem? Et Tempus Fugit”.


Párate a pensar en este mismo momento conmigo.
¿Cuántas veces has leído obras que defendían el Carpe Diem? ¿Cuántas películas?
Típicas frases como “Aprovecha la vida”, o “Cuando te des cuenta, ya no serás joven” y demás.
Miles. Las hay a miles.
Desde el humanismo, se lleva defendiendo esta idea, con el paso al antropocentrismo.
Otro detalle. El “novedoso”, “moderno” YOLO (You Only Live Once) que tanto se ha propagado por las redes sociales. ¿No es la expresión de la misma idea?
U otra versión más infantil. Hakuna Matata, sentencia fácil de identificar como perteneciente de la película de animación El Rey León. ¿No sigue siendo la misma idea? ¿Una y otra vez?

Y sí, hay que aprender a disfrutar la vida. Nadie obliga a sufrirla. Es más, evita sufrir en la medida de lo posible, pero...

No te dejes llevar. Controla, en serio. Creo que, en el actual momento, se confunde este concepto con echar a perder todo lo valioso sin pensar en el futuro.
Una cosa es disfrutar una noche con los amigos. Otra, acabar con un coma etílico, o una muerte por sobre dosis. O un accidente por no estar pendiente y dejarse llevar por la velocidad.

Una cosa es valorar la juventud, preciado tesoro; y otra, no acordarse de que, dentro de poco, ya no podrás hacer lo que ahora y habrás de vivir con las sobras de lo que hiciste.
Y eso implica que hemos de valorar el tiempo, que no tenemos todos los años del mundo para hacer algo de provecho para empezar el proyecto de la vida, que no siempre tendremos a padres, familiares, ... para que nos recojan, nos paguen los gastos, nos traten como príncipes.

Y antes de que seas consciente, estarás en la calle sin un medio de subsistencia (“Estudiar es para aburridos, yo quiero disfrutar”.), sin una salud que resista los achaques que van aumentando con la edad (“No me va a pasar nada, controlaré”) y sin tu Juventud, Divino Tesoro.