Párate a pensar
en este mismo momento conmigo.
¿Cuántas veces
has leído obras que defendían el Carpe Diem? ¿Cuántas películas?
Típicas frases
como “Aprovecha la vida”, o “Cuando te des cuenta, ya no serás joven” y demás.
Miles. Las hay a
miles.
Desde el
humanismo, se lleva defendiendo esta idea, con el paso al antropocentrismo.
Otro detalle. El “novedoso”,
“moderno” YOLO (You Only Live Once) que tanto se ha propagado por las redes
sociales. ¿No es la expresión de la misma idea?
U otra versión más
infantil. Hakuna Matata, sentencia fácil de identificar como perteneciente de la
película de animación El Rey León. ¿No sigue siendo la misma idea? ¿Una y otra
vez?
Y sí, hay que
aprender a disfrutar la vida. Nadie obliga a sufrirla. Es más, evita sufrir en
la medida de lo posible, pero...
No te dejes
llevar. Controla, en serio. Creo que, en el actual momento, se confunde este
concepto con echar a perder todo lo valioso sin pensar en el futuro.
Una cosa es
disfrutar una noche con los amigos. Otra, acabar con un coma etílico, o una
muerte por sobre dosis. O un accidente por no estar pendiente y dejarse llevar
por la velocidad.
Una cosa es
valorar la juventud, preciado tesoro; y otra, no acordarse de que, dentro de
poco, ya no podrás hacer lo que ahora y habrás de vivir con las sobras de lo
que hiciste.
Y eso implica que
hemos de valorar el tiempo, que no tenemos todos los años del mundo para hacer
algo de provecho para empezar el proyecto de la vida, que no siempre tendremos
a padres, familiares, ... para que nos recojan, nos paguen los gastos, nos
traten como príncipes.
Y antes de que
seas consciente, estarás en la calle sin un medio de subsistencia (“Estudiar es
para aburridos, yo quiero disfrutar”.), sin una salud que resista los achaques
que van aumentando con la edad (“No me va a pasar nada, controlaré”) y sin tu
Juventud, Divino Tesoro.